EL ARTE DE LA ILUSIÓN: I. Fundamentación
Cap.1
ESTELA MIERES
I. FUNDAMENTACIÓN
El objeto del presente trabajo es el Arte del Mimo.
La fundamentación del mismo parece bastante obvia frente al vacío actual en estudios de este tipo escritos y pensados en castellano. No hay muchas referencias escritas, ni desarrollos metodológicos o marcos teóricos que respalden el tema. La bibliografía en español no llega a una veintena de títulos. Pareciera que los Mimos presentan más interés como modelos fotográficos para ilustrar libros que como modelo de desarrollo teórico y crítico de su arte.
Si bien hay manuales de ejercicios, textos escritos de mimodramas o pequeñas pantomimas, no hay textos que versen sobre la esencia, las técnicas y de los “materiales” de los cuales se sirve el Mimo.
Lo único documentado en casi todos los libros o referencias escritas, es la historia del mimo pero no el proceso creativo.
La pregunta es si hay que seguir repitiendo esa historia porque ya está probada o documentada, o seguir atentamente la evolución de este arte, que sin lugar a dudas ha condicionado desde el principo el mundo del espectáculo, tanto en el teatro como en el cine. Esta segunda opción hace que el arte del Mimo ya no sea un arte del pasado, y la Animación Tridimensional, la que se realiza en la Performance Animation, lo convierte en el arte del futuro.
Las técnicas del Mimo se están aplicando en la animación, para la digitalización de imágenes en 3D, y esto exige que los Mimos profesionales estén entrenando actores para este fin. Un ejemplo de esto es el trabajo del Mimo Lorin Eric Salm, de Los Ángeles, quien también es Instructor de Movimiento, siendo el Coach de los Animadores tridimensionales. Ha trabajado con el equipo de animación de Walt Disney (Dinosaur, Pollitos en fuga) y de Dreaworks (Shrek).
Pero Lorin Eric Salm no sólo es conocido como Mimo e Instructor del Movimiento y por su escuela, sino además por ser el escritor y administrador del sitio Web más aclamado,el que la Enciclopedia Británica llamó la “fuente definitiva en el Mimo como Arte de Teatro”.
Un sitio web es un gran aporte sin duda, pero sigue siendo necesario una referencia escrita de las técnicas del Mimo y de su proceso creativo.
¿Quién debe escribir sobre el Arte de la Pantomima? ¿Un observador externo, por ejemplo un crítico; un Mimo, o un investigador?
El crítico es quien tiene las herramientas teóricas para formular una metodología de estudio. Pero, y esa es la paradoja, el crítico es un “Sujeto” frente a un “Objeto” (el Mimo) que es “virtual”. Es decir, que lo que el crítico ve es una técnica de ilusión que no le permite ver cuál es el origen de dicha técnica. Pues como decía Marcel Marceau en 1974, “en el mimo, el espectador no capta el gesto que se le prepara. Así cuando voy a recoger una cartera, levanto primero la mano y sólo entonces voy hacia la cartera. Hay un tiempo de preparación, luego otro de acción.””
Tal vez sea necesario poner otro ejemplo para entender este concepto: Ej.: sobre el escenario del teatro, un Mimo interpreta a Icaro quien con sus “alas de cera” va a echarse a “volar”. Luego de agitar vivamente los brazos, comienza a planear con sus “alas”. Desde el punto de vista técnico, las luces de la escena bajan y un potente haz de luz (cañon o seguidor) ilumina con un círculo el cuerpo del actor-mímico de las rodillas para arriba. La técnica de ilusión está lograda: Icaro vuela. Se establece la emoción estética con el público, que se maravilla de verlo “volar” y se angustia cuando las “alas” de Icaro comienzan a “derretirse” con el sol, y más aún cuando el personaje cae al vacío.
Si se le pregunta a este observador externo, el crítico, cómo se logró ese efecto de vuelo, sin duda hablará de lo que vio: el vuelo fue logrado por el movimiento de los brazos y lo demás por la actuación del Mimo, manifestada a través de su cara.
Un Mimo sabe que eso no es exactamente así, por lo menos uno que tenga la influencia de la escuela de Decroux o de Marcel Marceau. Porque el “vuelo” se originó en la planta del pié del Mimo:
Esta ilusión se logró con el equilibrio, la contraposición de fuerzas, y la síntesis del movimiento, que partiendo de la punta de sus pies se trasmitió a todo el cuerpo, para que trasuntara y se hiciera visible en los brazos, que se mueven al compás del ritmo interior del Mimo, que le es propio, único y personal.
En el ejemplo anterior, el origen del movimiento estaba en la planta de los pies, o sea en aquello que el público y el crítico no podían ver, porque la luz envolvía al mimo en un círculo luminoso, que lo mostraba de las rodillas para arriba.
Esto descarta al crítico como persona ideal para escribir sobre el tema, a pesar de poseer las herramientas metodológicas y de tener una gran tendencia a la objetividad.
Nos queda entonces el Mimo y el investigador, pero en el caso de este arte, ambos son la misma persona.
El proceso creativo va junto al proceso de investigación. El Mimo se entrena, investiga, crea y si es original, escribe sus propias pantomimas, lo que también lo convierte en escritor.
Por eso debemos contentarnos con que el artista sea el que escriba sobre su materia, a pesar de todas las carencias metodológicas que pueda tener. De hecho el mejor libro sobre este arte sigue siendo el de Etiènne Decroux, a quien se lo considera “el padre” de la Pantomima moderna. Este libro titulado PAROLES SUR LE MIME es el primero que un Mimo haya publicado sobre su arte.
No fue un libro escrito especialmente, sino que en él se encuentran reunidas las reflexiones de Etienne Decroux: textos de conferencias que realizó en Europa y en los Estados Unidos, artículos de revistas, ensayos inéditos, notas que le servían para sus clases. También aparecen los argumentos y los textos de presentación de los diferentes espectáculos montados por él, así como fotografías sobre su trabajo y sus obras. Estos textos fueron seleccionados por André Veinstein, quien se encargó además de componer el plan del libro. Este trabajo ha permitido que las reflexiones de Decroux sobre el Mimo lleguen a nuestros días.
Parece que los artistas mímicos también deben ocuparse de dejar un marco teórico sobre su métier.
En lo personal, después de 30 años de estar –con mucha humildad- investigando, creando, educando generaciones y escribiendo pantomimas y mimodramas, pareciera que el paso siguiente es intentar dejar un testimonio escrito de la experiencia de ser Mima (*).
(*) Según la Prof. María Antonieta Dubour, la forma correcta de denominar al artista es: para el género masculino, Mimo, y para el género femenino, Mima. La aclaración surge de la cantidad de personas que lo preguntan.
Tal vez este trabajo pueda ayudar a que los futuros mimos uruguayos sean creadores originales que partan de determinados principios para encontrar su camino y sello personal, sin tener que aprender sólo por la mera imitación, como lo tuvieron que hacer los pioneros de la Pantomima en el Uruguay, allá por años sesenta; en aquella época que se aprendía viendo actuar a Marcel Marceau, en el Teatro Solís.
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